miércoles, 17 de septiembre de 2008

Retiro 'voluntario'

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No he dedicado tiempo a investigar el por qué los caracoles, frecuentemente, se retiran del mundo y pasan largas temporadas dentro de su concha. Barajo varias posibilidades, desde la ignorancia, entre las que están algún enfado monumental con la parienta, el intento con todas sus fuerzas de conseguir una metamorfosis a la altura de las más bellas mariposas o, también bonita, la posibilidad de que los caracoles no puedan sobrevivir sin buscar la meditación más profunda.
Va a ser difícil que alguien se interese lo suficiente por estos seres como para hacer algún documental para la National Geographic. Lo bueno, para el caracol, es que en su casa sólo cabe él y no hay forma de meter micrófonos y cámaras para desnudarle. Lo malo es que hay gente con mucha mano para convertirlos en un manjar.
Desde mi concha me pregunto si, muchas veces, no estará allá dentro el caracol, como yo, pensando en su situación, deseando otra y todo mientras se imagina a los de fuera atribuyéndole a la extraña naturaleza el por qué de tan raro comportamiento.
Lo que tengo claro es que, aparte de conjeturas, tenemos en común una cosa: el resto del mundo va demasiado rápido para nosotros.

5 comentarios:

Haideé Iglesias dijo...

Muy buen liezo-foto, me gusta tu estética...

Me acerco más a la meditación profunda. Y pienso que como buen caracol, no le pesa la soledad, ni esa perfecta compenetración con su concha. Estoy de acuerdo contigo en que las cosas van demasiado rápido para disfrutarlas... por ello vivo en conjunción con la naturaleza... esta no corre...

Me ha gustado tu reflexión.
Un cordial saludo.

Dan dijo...

Yo opto por la opción de la meditación húmeda profunda de su ser. Posiblemente sean unos grandes soñadores. Bien es sabido la fustración de los soñadores ante el sufrimiento y su recluimiento a fomar de burbuja par sobrellevarlo.

Completamente descartada la opción del enfado con su pareja, pq los caracoles son más independietes o listos que nosotros. Ya que son hemafrodias. Así descartamos también que su recluimiento sea por un desengaño amoroso.

P.D: me gusta lo que escribes.

Abe Sanchez dijo...

Muy buena reflexión.
Me gusta como has interpretado la foto para hablar de un tema tan profundo.

R. A. Riveiro dijo...

Dudo mucho que los pensamientos de un caracol sean negativos a la hora de refugiarse en su concha; valorara el tiempo que pasa fuera de ella y sacara lo positivo que tiene el compartir parte de la vida con los demás, mostrándose como uno es.
Su concha y pasar gran parte de su vida en ella es por su propia naturaleza, no así la del que se implanta una concha por simple motivo de sentirse como un caracol, ya que aunque la vida nos parezca que va demasiado deprisa, si la intentamos frenar según nuestros deseos, se consigue un ritmo apropiado para nuestro propio disfrute.
La imagen es genial, y el texto, aunque algo pesimista, me gusta mucho.
Un abrazo para el caracol y un beso para ti.

XuanRata dijo...

No lo dudes, están pensando cómo pasar al otro lado de la grieta. Y, evidentemente, no tiene prisa. Tal vez la grieta se cierre antes de que él termine de pensar. Y entonces ya no habrá nada que pensar. Un auténtico budista, el caracol este.